¿Tienes preguntas?
+34 661 91 01 59

Educar positivamente para toda la vida

Autor: Vanessa Martínez Cañadas - 18/06/2018

Los padres educamos a nuestros hijos para que el día de mañana sean personas felices y de provecho. Empezamos a construir su futuro desde la más tierna niñez con toda nuestra buena intención pretendiendo lo mejor para ellos.

No cabe duda de que cuando se trata de nuestros hijos hacemos, decidimos y pensamos en lo mejor, y si supiéramos de algo mejor sería eso lo que elegiríamos. Quizás lo que nos falte es conocer otras formas de hacer las cosas. Por eso no valen las categorías de “malas madres” ni de “malos padres”, porque lo que hacemos es siempre desde la mejor de nuestras intenciones.  Educar para toda la vida 

Una de las cosas que van a dificultar nuestra tarea como padres es precisamente esa, la de abordar la educación desde nuestro punto de vista de adultos, desde la responsabilidad, desde la exigencia, desde el “mírame cuanto te hablo” o desde el “porque yo lo digo y punto”.

Pensamos que como son pequeños no pasa nada, que es lo que hay . Se nos olvida lo injusto que nos parecia en nuestra infancia, como nos hacia sentir todas esas palabras que se nos incaban en nuestro corazón.Sin darnos cuenta que ese tipo de comportamiento nos aleja de la relación con ellos.

Y lo más importante para su vida (y para la nuestra) es que nos llevemos bien y que confíen en nosotros, para cuando lo necesiten de verdad. No hay nada mas bonito que tener libertad para explicarnos los sentimientos unos a los otros.

La relación con nuestros hijos no se trata de darles lo mejor y lo mas cómodo para que consigan todo sin el menor esfuerzo.Aprender la lección de lo que cuesta conseguir el premio es el mejor regalo que le podemos dar.Estamos llenos de estimulos materiales pero muy carentes de una buena relación llena de conversaciones y emociones positivas.

Si queremos que sean un adulto feliz, enseñémosle a ser un niño feliz, de modo que cuando sea un adulto solo tenga que seguir siendo. Y créeme que es mucho más fácil ser un niño feliz que un adulto feliz.

No importa la etiqueta que le quieran poner a tu hijo, encargate de ponerle tú la etiqueta de felicidad en su rostro. Dile todos los dones y talentos que tiene y silencia todo lo que no te gusta de tus hijos. Y si te dicen que tu hijo es diferente a los demás enhorabuena ese niño es especial es un angel. Eres una madre o un padre privilegiado.

Si queremos que no dependa de la aprobación de otras personas enseñémosle a tener su propio criterio, a sentirse importante (en su justo valor, sin ser más ni menos que otras personas) a tener una buena autoestima y a valorarse positivamente.

Confiar en ellos y demostrarselo es lo mejor que podemos hacer por ellos. Y si se caen que se levanten ellos solos.

A estas alturas de la historia de la humanidad ya se sabe que la clave del aprendizaje está en las emociones y que un cerebro que se desarrolla en un ambiente feliz se desarrolla mejor que uno que ha crecido en un ambiente hostil. Dejale que se divierta y aprenda haciendolo.

No es necesario un ambiente de gritos, amenazas, castigos o humillaciones para ver si aprenden, no solo van a aprender cuando les duela. Cuando disfruten van a aprender más aún. Como dijo Jane Nelsen, “¿De dónde hemos sacado la loca idea de que para que un niño se porte bien es necesario que primero se sienta mal?”.

El mejor legado que le podemos dejar a nuestro hijos, no es una buena casa, no es un buen coche, no es una cuenta en el banco llena de dinero. El mejor legado que le podemos dejar son los valores y principios para que ellos mismos se contruyan su propio castillo.

Y lo más importante a cuantas personas ayudan al día a que tengan una mejor calidad de vida.

Este sitio web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pincha este enlace para mayor información.